Refugiados. Niños sin fronteras

 

Fotografías: Julio Rojas

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Ven a dibujar en el mural de apoyo a los refugiados

Mural refugiados

Este sábado 30 de abril te esperamos a partir de las 11,30 en el Pasillo Verde.

“Refugiados” es un adjetivo que se queda muy corto para describir a miles de familias que huyen del terror y de la guerra y encuentran ante sí alambradas y más armas. Padres y madres intentando salvar la vida de sus hijos, dispuestos a recorrer cientos de kilómetros a pie, obligados a poner en peligro su vida y sobre todo la de sus hijos, como un último intento para salvarlos.

Cualquiera que sea madre o padre puede imaginar, si se atreve, cómo se sentiría si se viera obligado a subir con ellos en una barca rumbo a alta mar, sabiendo que las probabilidades de verlos ahogarse son elevadas. Cualquiera que tenga un niño cerca puede imaginar, si se atreve, cómo se sentiría viéndolo andar kilómetros bajo la lluvia, aterido de frío. Cualquiera que haya sido niño puede imaginar, si se atreve, cómo se hubiera sentido viviendo en un barrizal en tiendas de campaña y encerrado tras unas rejas, sabiendo que él y su familia están ahí porque al otro lado no los quieren y que no puede regresar a su país, a su casa, a su habitación porque allí les espera la muerte.

Por eso, porque cuando hablamos de refugiados estamos hablando sobre todo de familias, hemos pensado que nada mejor que colocar un gran mural en el Pasillo Verde donde las familias puedan expresar a esas otras familias, las de los refugiados, su solidaridad. No habrá oradores, ni debates, solo tizas y pinturas para que niños y mayores puedan expresarse por igual.

 

¿Alguna vez fuimos clase media?

photo Despertaron las Clases Medias
¿Alguna vez fuimos clase media?

Durante los últimos 50 años, la experiencia de formar parte de nuestra sociedad se ha llamado clases medias. Fuimos todo aquello a lo que las generaciones anteriores parecían haber aspirado y un día ─ democracia ya, por fin europeos ─ viajamos para comprobar que tampoco parecían ya tan diferentes a nosotros. Con chalet o sin él, con carrera o no tanto, pero casi siempre en el coche que a veces nos llevaba hasta la playa, disfrutamos de aquello del tren del progreso. No nos dijeron que se acababa.

Hoy, muchos no sabemos bien qué somos. Nuestros hijos tratan de buscarse la vida, dentro o fuera, nuestros mayores nos ayudan si les alcanza y muchos vamos ya también tirando como se puede. Algunos dicen que los que vinieron de fuera tienen buena parte de la culpa y que, sin políticos, tanto mejor nos iría. Otros, que pronto llegarán quienes casi todo lo arreglen. Hasta más cosas parece ahora que se oyen… Como dice mi Concha, a alguien parece que estorbamos, aunque lo que no está claro es para qué les hemos servido hasta ahora: ¿clases medias?

Vente a debatirlo este sábado 23 de abril, a las 18 horas, en La Morada de Arganzuela (C/ Fernando Poó nº4) con Esteban Hernández (que nos hablará de su libro “El fin de las clases medias”) y muchas otras compañeras.

Para ir profundizando en el asunto, os dejamos también el enlace a un vídeo de la mesa ‘La clase media en disputa’ que se desarrolló en la Universidad de verano de Podemos y el Instituto25M, los días 23, 24, 25 y 26 de julio de 2015.

 

la cáscara amarga

los de la cáscara amarga lo somos y a mucha honra.

somos los que nos tenemos de pié, los que nos vamos solos, las que alzamos la cabeza aunque sea para que nos la partan, las que pudiendo someternos como criaturas de mantillas, nos pingamos porque se es o no se es, y no hay más.

lo del amargor viene a cuento de que los hay que eligen edulcorantes para pasar el trago de la vida. ya sean edulcorantes de los que se compran en las tiendas, en los despachos de los jefes o en las sacristías, pero algo dulce que disimule el tufo a achicoria que suelta el mundo con cada ventosidad.

las de la cáscara amarga nos alimentamos de disgustos por vocación, por no negar la realidad, por no hacer el juego a los tranquilizaconciencias. 

y lo bueno es que cada época ha tenido sus cáscaras amargas, que es tanto como decir que de toda la vida ha habido gente que le seguía la corriente a los poderosos y luego estaban los otros, los de la amargura.

la primera noticia que tengo de amargor famoso es el poema de quevedo: pues amarga es la verdad quiero echarla de la boca.

pues amarga es la verdad… ¡cómo no!

porque la cosa va de elegir, o se lobotomiza una, en sentido figurado, claro, para no sentir ni padecer, sólo reir bobaliconamente cuando gana alguien con quien tú has decidido identificarte, o se mantiene el cráneo íntegro, la calota dura y la amargura entre los dientes.

lo demás, nada.